La llama de Beijing
Corría agosto de 2004 y los ojos del mundo estaban puestos en las Olimpíadas de Atenas, en Grecia, donde en el año 776 antes de Cristo se habían originado los Juegos Olímpicos. Mientras que el mayor escenario deportivo se ubicaba en el extremo de Europa, en Beijing parecía como que si el evento de 2008 habría de comenzar al día siguiente. Es que al fin, luego de un largo proceso, por primera vez China sería sede del principal certamen deportivo del mundo.
Casi cuatro años después, recorriendo la Plaza de Tiananmen y sus cercanías se puede apreciar el espectacular presente que muestra el estado comunista chino. En estos momentos previos a la Olimpíada de Beijing, el histórico lugar se ha convertido en el punto de encuentro entre políticos y burócratas que se cruzan diariamente en su camino entre un edificio y otro, los extranjeros ansiosos por vivir experiencias que los hagan sentir que al fin están en China, y los vendedores ambulantes que ven la gran oportunidad de hacer su negocio ante la inmensa cantidad de gente que transita diariamente.
Como proceso natural por saberse en el centro de la mirada internacional –de hecho los caracteres para China significan “país del centro” o “reino central”– la sociedad se ha internacionalizado en cierto modo. Un claro indicador es la forma en que el idioma inglés se ha expandido a todo el país. Incluso en pequeñas poblaciones, muy distantes de las grandes urbes, se puede encontrar estudiantes con muy buen manejo del idioma.
También han surgido infinidades de grupos de voluntarios-guías con dominio de lenguas extranjeras para ayudar a que los ciudadanos del mundo puedan disfrutar de esta demostración atlética sin mayores tropiezos lingüísticos. Incluso cuando se recorren las calles no deja de llamar la atención la instalación de carteles explicativos en chino e inglés en 300 diferentes atracciones históricas y culturales, sumados a los 6 millones de copias de mapas turísticos bilingües.
Por esta misma razón, algunos de los organizadores han manifestado que estas olimpíadas pertenecen a “toda la humanidad”, aludiendo a la necesidad de dejar de lado las críticas y centrarse en los aspectos positivos del multitudinario encuentro que se desarrollará entre el 8 y el 24 de agosto próximos.
Estos juegos ecuménicos podrían compararse a los mundiales de fútbol por la capacidad para vigorizar las economías de los países sede. Le sucedió a Japón en el año 1964, en aquellos tiempos de la mal llamada “economía milagrosa” por su espectacular crecimiento. Tal vez por eso nuevamente Tokio aspira a organizar la megacompetencia en el año 2016.
Además de los preparativos arquitectónicos, logísticos y marketineros, muchos chinos se muestran contentos con los preparativos que se viven a nivel cotidiano, porque creen que estas serán "las mejores olimpíadas que se hayan visto", tal como señaló uno de los integrantes del proyecto olímpico.
Desafíos
Los habitantes de Beijing, por ejemplo, cuentan muy orgullosos detalles de los últimos logros arquitectónicos de la ciudad, como el Estadio Nacional de Beijing, conocido popularmente como el “Nido de Pájaro” por su diseño. Su inauguración está programada para las próximas semanas y podrá albergar a 95.000 personas.
Como casi todo proceso en China, la organización de las Olimpíadas está a cargo de miles de individuos en los distintos departamentos deportivos de las provincias, regiones autónomas y municipios bajo jurisdicción central prioritarios y del Ejército Popular de Liberación. Conviene aclarar que este certamen no sólo se llevará a cabo en la capital, sino que otras seis ciudades habrán de hospedar algunas de las disciplinas olímpicas. Las subsedes estarán en Hong Kong, Shanghai, Qingdao, Shenyang, Qinhuangdao y Tianjin. Esto elevó notablemente la necesidad de mano de obra, que se expandió a otras zonas del país, y es mucha la gente que va del campo a las grandes ciudades al solo efecto de emplearse en alguna actividad relacionada con el evento. Pero resulta imposible saber la cantidad exacta de personas contratadas, ya que algunos datos incluyen hasta a los vendedores ambulantes como empleados del gobierno.
Algo tan importante como el suministro de agua estará garantizado por un canal de 210 kilómetros desde Shijiazhuang, una ciudad vecina, hasta Beijing, que funcionará desde abril y aprovisionará 300 millones de metros cúbicos de agua. Otro tema importante es el mejoramiento de la polución del aire, uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta el Comité Organizador.
Una cuestión derivada de la construcción de nuevas infraestructuras es la necesaria relocación de 6.000 antiguas viviendas, donde vivían 15.000 personas que, al menos según información oficial, ayudaron al desarrollo del proyecto mudándose sin problemas. Un punto no menor es que las casas fueron compensadas según los precios reales del mercado y se otorgaron pensiones por la reubicación y fondos para seguro social.
Economía y política
Con la idea de recuperar el look original, en los últimos dos años se invirtieron 16 millones de dólares para restaurar sitios culturales. Son muy impactantes, a la vista, las columnas rojas y el techo color dorado mate –que evocan a los palacios imperiales y templos– de los dos principales íconos de Beijing: el Estadio Nacional y la nueva terminal aérea. Sin embargo, ante la apertura a la economía internacional, algunos lugares 100% chinos han sido casi invadidos por multinacionales. Es así que dentro de la Ciudad Prohibida uno puede sentarse a tomar un café tranquilamente en un local de la reconocida cadena estadounidense Starbucks.
La solvencia económica se siente en todo momento, incluso simplemente viajando en tren. Llama mucho la atención la naturalidad con la que los pasajeros utilizan laptops y otros equipos electrónicos mientras viajan. A nivel macro, el consumo sigue en aumento. La venta de artículos deportivos, por caso, saltó a un promedio de 60 dólares anuales por familia, lo que llevaría el total a nada menos que 24.000 millones de dólares sólo en 2007. Otras industrias relacionadas como los patrocinios, las transmisiones televisivas y las apuestas crecen como parte de un efecto dominó.
Pero no todo funciona a la perfección. En 2007 la inflación fue de 4,8% pero lo que alarma es que sólo en enero de 2008 el índice aumentó un 7,1% con respecto al mismo mes del año anterior. La tendencia es que el aumento de precios continúe especialmente por el desabastecimiento de alimentos, lo que afecta muy negativamente a gran parte de la población y generó algunas huelgas por carencia de productos.
Más allá de estas cuestiones, el gobierno intenta separar los términos política y deporte. “Esta es una fiesta deportiva, no un acto político”, argumentan. Según el vocero de la Cancillería, Liu Jianchao, la vinculación del deporte con la política “no condice con el espíritu olímpico”. Otros sectores –como algunos académicos en el exilio– expresaron que “le guste o no a Beijing, la política ha sido una parte importante de los juegos desde el mismo comienzo”. Es internacionalmente conocido el caso del activista Hu Jia, quien fue detenido hace varios meses para evitar que pueda llamar la atención mundial, faltando pocas semanas para la gran olimpíada asiática.
Sin lugar a dudas esta es una gran oportunidad para que China explaye su mejor estrategia de diplomacia pública, aún cuando la pobreza y la desigualdad en la distribución de la renta siguen siendo los dos grandes temas que preocupan a la mayor parte de la población.
Inicialmente, con la idea de promover el respeto a los derechos humanos, se aceptó que Beijing fuera sede olímpica, pero hasta el momento lo que se destacan son noticias sobre el crecimiento económico junto con denuncias por violaciones a los derechos básicos. Para eludir las críticas, los anfitriones reclaman el respeto por la sección de la Carta Olímpica que prohíbe demostraciones de propaganda política, religiosa o racial en sedes olímpicas. De todas formas, no pueden evitar la circulación interna e internacional de cartas abiertas de abogados, dirigentes y profesores que se oponen al gobierno. Yang Chunlin, Gao Zhisheng y Hu Jia son algunos de los disidentes más conocidos.
El lema de los juegos Un mundo, un sueño conlleva un mensaje de armonía que se espera imponer a toda la sociedad. Mientras tanto, la autoestima china se fortalece, al mismo tiempo que crece la economía y su cultura se abre al mundo. Paralelamente hay grupos opositores que denuncian el accionar de las autoridades del país asíatico. Todo este conjunto de temas dominan la agenda en Beijing, a la espera de que la llama olímpica muestre todo su fulgor.
Corría agosto de 2004 y los ojos del mundo estaban puestos en las Olimpíadas de Atenas, en Grecia, donde en el año 776 antes de Cristo se habían originado los Juegos Olímpicos. Mientras que el mayor escenario deportivo se ubicaba en el extremo de Europa, en Beijing parecía como que si el evento de 2008 habría de comenzar al día siguiente. Es que al fin, luego de un largo proceso, por primera vez China sería sede del principal certamen deportivo del mundo.
Casi cuatro años después, recorriendo la Plaza de Tiananmen y sus cercanías se puede apreciar el espectacular presente que muestra el estado comunista chino. En estos momentos previos a la Olimpíada de Beijing, el histórico lugar se ha convertido en el punto de encuentro entre políticos y burócratas que se cruzan diariamente en su camino entre un edificio y otro, los extranjeros ansiosos por vivir experiencias que los hagan sentir que al fin están en China, y los vendedores ambulantes que ven la gran oportunidad de hacer su negocio ante la inmensa cantidad de gente que transita diariamente.
Como proceso natural por saberse en el centro de la mirada internacional –de hecho los caracteres para China significan “país del centro” o “reino central”– la sociedad se ha internacionalizado en cierto modo. Un claro indicador es la forma en que el idioma inglés se ha expandido a todo el país. Incluso en pequeñas poblaciones, muy distantes de las grandes urbes, se puede encontrar estudiantes con muy buen manejo del idioma.
También han surgido infinidades de grupos de voluntarios-guías con dominio de lenguas extranjeras para ayudar a que los ciudadanos del mundo puedan disfrutar de esta demostración atlética sin mayores tropiezos lingüísticos. Incluso cuando se recorren las calles no deja de llamar la atención la instalación de carteles explicativos en chino e inglés en 300 diferentes atracciones históricas y culturales, sumados a los 6 millones de copias de mapas turísticos bilingües.
Por esta misma razón, algunos de los organizadores han manifestado que estas olimpíadas pertenecen a “toda la humanidad”, aludiendo a la necesidad de dejar de lado las críticas y centrarse en los aspectos positivos del multitudinario encuentro que se desarrollará entre el 8 y el 24 de agosto próximos.
Estos juegos ecuménicos podrían compararse a los mundiales de fútbol por la capacidad para vigorizar las economías de los países sede. Le sucedió a Japón en el año 1964, en aquellos tiempos de la mal llamada “economía milagrosa” por su espectacular crecimiento. Tal vez por eso nuevamente Tokio aspira a organizar la megacompetencia en el año 2016.
Además de los preparativos arquitectónicos, logísticos y marketineros, muchos chinos se muestran contentos con los preparativos que se viven a nivel cotidiano, porque creen que estas serán "las mejores olimpíadas que se hayan visto", tal como señaló uno de los integrantes del proyecto olímpico.
Desafíos
Los habitantes de Beijing, por ejemplo, cuentan muy orgullosos detalles de los últimos logros arquitectónicos de la ciudad, como el Estadio Nacional de Beijing, conocido popularmente como el “Nido de Pájaro” por su diseño. Su inauguración está programada para las próximas semanas y podrá albergar a 95.000 personas.
Como casi todo proceso en China, la organización de las Olimpíadas está a cargo de miles de individuos en los distintos departamentos deportivos de las provincias, regiones autónomas y municipios bajo jurisdicción central prioritarios y del Ejército Popular de Liberación. Conviene aclarar que este certamen no sólo se llevará a cabo en la capital, sino que otras seis ciudades habrán de hospedar algunas de las disciplinas olímpicas. Las subsedes estarán en Hong Kong, Shanghai, Qingdao, Shenyang, Qinhuangdao y Tianjin. Esto elevó notablemente la necesidad de mano de obra, que se expandió a otras zonas del país, y es mucha la gente que va del campo a las grandes ciudades al solo efecto de emplearse en alguna actividad relacionada con el evento. Pero resulta imposible saber la cantidad exacta de personas contratadas, ya que algunos datos incluyen hasta a los vendedores ambulantes como empleados del gobierno.
Algo tan importante como el suministro de agua estará garantizado por un canal de 210 kilómetros desde Shijiazhuang, una ciudad vecina, hasta Beijing, que funcionará desde abril y aprovisionará 300 millones de metros cúbicos de agua. Otro tema importante es el mejoramiento de la polución del aire, uno de los mayores desafíos a los que se enfrenta el Comité Organizador.
Una cuestión derivada de la construcción de nuevas infraestructuras es la necesaria relocación de 6.000 antiguas viviendas, donde vivían 15.000 personas que, al menos según información oficial, ayudaron al desarrollo del proyecto mudándose sin problemas. Un punto no menor es que las casas fueron compensadas según los precios reales del mercado y se otorgaron pensiones por la reubicación y fondos para seguro social.
Economía y política
Con la idea de recuperar el look original, en los últimos dos años se invirtieron 16 millones de dólares para restaurar sitios culturales. Son muy impactantes, a la vista, las columnas rojas y el techo color dorado mate –que evocan a los palacios imperiales y templos– de los dos principales íconos de Beijing: el Estadio Nacional y la nueva terminal aérea. Sin embargo, ante la apertura a la economía internacional, algunos lugares 100% chinos han sido casi invadidos por multinacionales. Es así que dentro de la Ciudad Prohibida uno puede sentarse a tomar un café tranquilamente en un local de la reconocida cadena estadounidense Starbucks.
La solvencia económica se siente en todo momento, incluso simplemente viajando en tren. Llama mucho la atención la naturalidad con la que los pasajeros utilizan laptops y otros equipos electrónicos mientras viajan. A nivel macro, el consumo sigue en aumento. La venta de artículos deportivos, por caso, saltó a un promedio de 60 dólares anuales por familia, lo que llevaría el total a nada menos que 24.000 millones de dólares sólo en 2007. Otras industrias relacionadas como los patrocinios, las transmisiones televisivas y las apuestas crecen como parte de un efecto dominó.
Pero no todo funciona a la perfección. En 2007 la inflación fue de 4,8% pero lo que alarma es que sólo en enero de 2008 el índice aumentó un 7,1% con respecto al mismo mes del año anterior. La tendencia es que el aumento de precios continúe especialmente por el desabastecimiento de alimentos, lo que afecta muy negativamente a gran parte de la población y generó algunas huelgas por carencia de productos.
Más allá de estas cuestiones, el gobierno intenta separar los términos política y deporte. “Esta es una fiesta deportiva, no un acto político”, argumentan. Según el vocero de la Cancillería, Liu Jianchao, la vinculación del deporte con la política “no condice con el espíritu olímpico”. Otros sectores –como algunos académicos en el exilio– expresaron que “le guste o no a Beijing, la política ha sido una parte importante de los juegos desde el mismo comienzo”. Es internacionalmente conocido el caso del activista Hu Jia, quien fue detenido hace varios meses para evitar que pueda llamar la atención mundial, faltando pocas semanas para la gran olimpíada asiática.
Sin lugar a dudas esta es una gran oportunidad para que China explaye su mejor estrategia de diplomacia pública, aún cuando la pobreza y la desigualdad en la distribución de la renta siguen siendo los dos grandes temas que preocupan a la mayor parte de la población.
Inicialmente, con la idea de promover el respeto a los derechos humanos, se aceptó que Beijing fuera sede olímpica, pero hasta el momento lo que se destacan son noticias sobre el crecimiento económico junto con denuncias por violaciones a los derechos básicos. Para eludir las críticas, los anfitriones reclaman el respeto por la sección de la Carta Olímpica que prohíbe demostraciones de propaganda política, religiosa o racial en sedes olímpicas. De todas formas, no pueden evitar la circulación interna e internacional de cartas abiertas de abogados, dirigentes y profesores que se oponen al gobierno. Yang Chunlin, Gao Zhisheng y Hu Jia son algunos de los disidentes más conocidos.
El lema de los juegos Un mundo, un sueño conlleva un mensaje de armonía que se espera imponer a toda la sociedad. Mientras tanto, la autoestima china se fortalece, al mismo tiempo que crece la economía y su cultura se abre al mundo. Paralelamente hay grupos opositores que denuncian el accionar de las autoridades del país asíatico. Todo este conjunto de temas dominan la agenda en Beijing, a la espera de que la llama olímpica muestre todo su fulgor.
Viviana Malvina Sosa
Publicado en Accion Digital.Marzo 2008
