lunes, octubre 22, 2007

JAPON Y CHINA SE DISPUTAN EL LIDERAZGO EN ASIA

La creciente y conflictiva relación entre los dos gigantes asiáticos es determinante para comprender el lugar que ambos países tienen en una de las regiones que experimentó un gran crecimiento con relación al resto del mundo
Analizar la región asiática desde lejos, puede privarlo a uno de entender parte de la realidad. Por ejemplo, pocos saben que en Tokyo hay escuelas norcoreanas, que en ellas pueden verse imágenes de Kim Jong Il tal como si se estuviera en Corea del Norte, que sus alumnos no odian el capitalismo o que festejan sus vacaciones en Tokyo Disneyland. Casos como éste llevan a reflexionar sobre la heterogeneidad que caracteriza al continente asiático convirtiéndolo en un lugar único. La pregunta es cómo afectan estas disparidades a las relaciones intraasiáticas y su relación con el resto del mundo. Para tal fin, es indispensable comprender los liderazgos y sus reacciones, cuestiones históricas no resueltas, las amenazas a la seguridad y los planes de la región para el futuro. En primer lugar, hay que señalar que el crecimiento sostenido y el surgimiento de “nuevos ricos”, especialmente en China e India, conviven con la pobreza y desigualdad. Esta disparidad puede verificarse muy fácilmente caminando por pequeñas calles cercanas al centro financiero de Shanghai. En menos de cinco minutos uno puede estar en medio de un barrio muy pobre, donde algunas veces ni siquiera hay energía eléctrica. Ello, en el centro del símbolo del progreso económico chino. En los pasillos del subcontinente se rumorea si el poder chino podría equilibrar la estructura de poder mundial. De ser posible, ¿sería el estilo chino menos violento que el de otras potencias? ¿La coordinación de los tres grandes de la región (China, India y Japón) posibilitaría la redefinición del orden mundial? ¿Las posiciones contrapuestas de estos países en distintos foros mundiales, como el Consejo de Seguridad de la ONU, podrían disiparse para dar comienzo al “siglo de Asia”? Por lo pronto, los beneficios económicos del intercambio entre China y la región dejan en segundo lugar los roces que existen en otras áreas, como la propiedad de la tierra en Camboya, disputas territoriales con Indonesia o el desempleo surcoreano causado por la firma de un tratado de libre comercio con China. También se minimizan fricciones históricas, como el apoyo chino al régimen del Khmer Rouge en Camboya en los años 70, o la discriminación que sufrió la comunidad china en Indonesia durante el régimen de Suharto. Si se crea una zona de libre comercio con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean), proyectada para 2010, el avance chino se afianzaría aún más, ya que la región perdió confianza en Estados Unidos por su inacción durante la crisis financiera sufrida hace 10 años y porque Japón focaliza su política exterior en la otra orilla del Pacífico. Asimismo, el eventual establecimiento de una sola moneda común ya es visto con recelo desde Washington. Para Wang Yusheng, ex diplomático chino, el establecimiento de una “Comunidad del Este de Asia” no fue posible hasta el momento por las objeciones de los Estados Unidos y por el desinterés de Japón. Sin embargo, para algunos sectores japoneses se debe más a cuestiones históricas y por los diferentes tipos de gobierno que hay en la región, para remarcar muy sutilmente que China no es un país democrático. Las percepciones sobre las amenazas a la seguridad son otro indicador de la pluralidad. Para China es la intención taiwanesa de lograr su independencia, mientras que para Tailandia o Filipinas son los problemas de terrorismo. Otros temas, como las pandemias del HIV y SARS, o el fenómeno migratorio, siempre se mantienen en la agenda. Sin embargo, el caso que más llama la atención a los países occidentales, o la llamada “comunidad internacional”, es el desarrollo nuclear de Corea del Norte, cuyos principales destinatarios son los Estados Unidos, Corea del Sur y Japón. Para este último, la devolución de ciudadanos secuestrados por oficiales norcoreanos es una cuestión central en la agenda en la que finalmente, luego de mucha presión, lograron el apoyo chino. Por cuestiones históricas, ideológicas y hasta geográficas, China es el interlocutor entre el cerrado régimen de Pyongyang y el resto del mundo. En este momento, el comercio sino-norcoreano totaliza
1.6 billones de dólares concentrados en petróleo, alimentos, electrónicos y finanzas, que permiten la sobrevivencia de Kim Jong Il. Como consecuencia, la efectividad de las sanciones de las Naciones Unidas depende de la voluntad política que China ejerza, o no, sobre su vecino. A pesar de la oposición mundial al desarrollo nuclear norcoreano, por problemas de escasez de energía, distintos países de la región como Japón, Rusia, India, China, Corea del Sur, Vietnam, Malasia, Indonesia y Australia tienen la necesidad de buscar fuentes alternativas, y entre ellas se encuentra la opción nuclear con fines pacíficos.En este momento, el liderazgo regional se disputa entre China y Japón, binomio en el cual la prosperidad económica no puede resarcir el resentimiento histórico. En 2007 se conmemoran 70 años de la masacre de Nanking, la ciudad china que cayó en manos japonesas en el marco de la guerra entre ambos países y donde el ejército imperial japonés cometió actos de pillaje, violación, matanza de civiles y de prisioneros de guerra. La cantidad de víctimas es discutida hasta el día de hoy manteniendo este hecho como elemento esencial del nacionalismo de ambos países. Además de estos debates, la relación bilateral se tensa por promoción de la Agencia de Defensa japonesa a la categoría de Ministerio y la intensificación del debate sobre la reforma de la pacífica constitución nacional de Japón. Incluso políticos de distinto rango han hecho declaraciones sobre el eventual desarrollo nuclear nipón, como reacción a la política norcoreana dejando entrever muy sutilmente que tampoco deben descuidarse de China. Conversando con japoneses, uno puede percibir el reconocimiento de que su país hizo muchas cosas “malas” en China, aunque manteniendo una postura tímida y reservada, claramente incómodos cuando se los requiere al respecto. En cambio, los chinos suelen entusiasmarse en responder detallando lo que hizo el ejército imperial concluyendo en que todavía no se puede confiar en el país del sol naciente. Asia es un continente extremadamente interesante, su diversidad cultural, religiosa, étnica, lingüística, las variaciones en las estructuras políticas y económicas hacen de esta región un lugar único. Al mismo tiempo, es justamente esta diversidad la que no permitió un gran avance en la integración regional. La gran pregunta es si en los próximos años el este de Asia podrá superar sus mayores diferencias para poder finalmente avanzar sin contratiempos en la conformación de una comunidad de naciones *

Viviana Malvina Sosa
Revista Actitud* Nº16 Marzo 2007